Sueño con dejar de buscarte de noche en una cama cada vez más grande. Ha vuelto a empezar todo otra vez. Y sé que pasará un mes hasta que vuelva a dormir. Y entonces, empezaré a no pensarte constantemente. Y después, dirás que nos veremos de nuevo. Y tendré que esperar otro mes para volver a dormir. Y uno más, para dejar de recordarte cada hora. Tendré que seguir haciendo mil cosas, para convencerte de que eres maravilloso. Y dejaré que te preguntes de nuevo si esto es cierto o sólo un buen comienzo para una carta.

Sé que voy a tener que hacerlo muy bien si quiero convencerte de que… bueno, de que voy a estar mucho, mucho tiempo… queriéndote.

Bergman dijo que la vida de un hombre no vale nada si no vive de acuerdo con su conciencia. Supongo que por eso tengo un problema. Ya puedo creer en las historias de Coixet… estoy viviendo una. Y todo me parece como eso que dicen de los autobuses. Hace mucho calor, hay mucho ruido y está lleno de gente. Y deseas bajar más que nada en el mundo. Si no lo haces es porque todavía te faltan 50 paradas para llegar a donde quieres ir. Yo puedo bajarme cuando quiera. Cuando ya no pueda más, esa será mi parada. Y no sé cuánto tardaré en no poder más, porque aunque pasen otros 50 años seguiré estando en el mismo sitio. Por eso sé que voy a tener que hacerlo muy bien para convencerte de que… bueno, de que te quiero.

“Hay veces que cuando un corazón escoge, su dueño no tiene el valor de seguirlo. Ya no sé qué hacer para acercarme a ti sin alejarte de mí.

Perdonad que no llore, pero es que no sé. Sois seres tan salvajes que os asusta que otro espíritu libre pueda meteros en una jaula. No sabéis que ya estáis en una jaula. Vosotros mismos la habéis construido y en ella seguiréis vayáis a donde vayáis porque no importa a dónde huyáis, siempre acabaréis tropezando con vosotros mismos.

Sí, todo lo tendré, el laurel y la rosa. Lleváoslos, pero me queda una cosa de la que carezco. Y esta noche, cuando se cierren los párpados del día, brillará intensamente mientras diga mi adiós algo que, inmaculado, meceré en un arrullo inexistente, y lloraré para siempre; y… eres tú”.

… Lo voy a hacer muy bien.