Publicidad:
La Coctelera
0

Miau

Hoy tengo sonrisa. Tengo dos sombreros y tres maletas debajo de un radiador. Y una planta que se muere despacio de tanto pensar, apoyada en la ventana del baño.
Una bombilla en la habitación y tres en la cocina. Siete bolis acabados, y una goma sin estrenar... y un montón de tachones.
Un agujero en la cama y otro en el pecho (de la misma medida). Cuatro pañuelos colgando de la puerta de mi armario rojo. Una cita esta tarde a la que no he ido, un broche margarita con todos sus pétalos y un cielo blanco detrás de mi ventana... creo que es una nube enorme, puede que empiece en Roma y no acabe hasta París por lo menos... ¡qué romántico!
Tres pares de botas llenas de barro, de cuando me agacho en un charco a sacar una foto. Y una canción que dice de vez en cuando te echo de menos en italiano... ti manco, ti manco... ti manco tanto...

Pero me faltan muchas cosas... ¿Dónde están tus zapatillas? Tu hoja de afeitar, las recetas exóticas y tus dientes. Tus manos de trapo y no saber ponerse unos guantes. Tu cara de que te vas y no hay nada que hacer. Tus ojos de que no sabes si volverás de nuevo. Tus manos de te quiero y no te olvides aunque deje de llamarte. Tu frente cuarentona y tus ojos de niño, tus orejas pequeñas, tu pecho grande, tu corazón pequeño. El mío, vacío.

Falta mi pantera y mi hermano. Su risa y el ansia de cazar una sonrisa al vuelo para llorar de carcajadas. Su hambre voraz y el compartir incondicional. El sol y las comidas de los domingos.

1

¿Crees en las casualidades?

La verdad, aún no sé qué contestar cuando me preguntan si creo en el destino. No es que nunca lo haya pensado. Pero no sé qué decir. Cuando estoy deprimida, creo en el destino. Creo en todo. Creo en que hay una fuerza universal azarosa que me conducirá a todo eso que me merezco pero que nunca he atisbado siquiera a ver (tal vez sea demasiado joven para contemplar el merecimiento desde una óptica diferente a la subjetividad). Cuando me va bien, ni siquiera soy católica, ni cristiana, ni creo en un ser omnipotente cuya única razón para existir sea el vigilar mis pasos.

Ignoro si lo que he logrado hasta ahora, es mérito mío, de los dos, o de nadie... mera cuestión de azar. Sí he pensado, no obstante, en esos niños de alambre. De pieles oscuras, que aparecen en la pantalla de mi salón esporádicamente, cuando enciendo la televisión para no tener que hablar. Y también es cierto que me pregunto si yo podría haber nacido en un lugar así. Y me pregunto si mi acompañante, hipnotizado por las imágenes que debe retener al menos tres segundos para comprender la siguiente noticia, está pensando lo mismo. Miento, en realidad me cuestiono si se lo ha planteado alguna vez. Pero es cierto que peco de menospreciar a los seres humanos. No a los seres humanos, a la gente. Las personas por separado pueden resultar realmente fascinantes. Pero, como sucede en estos casos, acabo por no manifestar mis opiniones. Suelen no causar más que miradas curiosas en mis oyentes.

Todavía no he descubierto qué es lo que me ha llevado esta vez a escribir. Normalmente son sensaciones oscuras. Hoy no. Creo que es la curiosidad por ver cuánto tardo en enmudecer.

Como ya dije, hay muchas cosas que nunca digo. Ni siquiera he llegado a contestar a la cuestión del destino. Pero creo que cuando lo haga, estaré también en situación de decir tantas otras cosas... Podré, por ejemplo, juzgar a las personas en silencio. Quisiera entonces, llamar a todos esos maestros que no me enseñaron lo que tuve después que aprender de mis fracasos. Quisiera llamar a todos los que se fueron de mi lado cuando las cosas se torcieron y que tiempo después me saludan por la calle con una sonrisa llena de dientes. Será entonces, cuando pregunte a alguien qué opina sobre esos niños de alambre y me diga sinceramente que no, no lo había pensado nunca, porque es católico y ¡por Dios!, esos niños no tienen ni siquiera religión. No habré mejorado espiritualmente, es cierto, pero mi cuerpo longevo me dará permiso para ser escuchada cuando hablo como ahora lo estoy haciendo... Quisiera entonces llamarte también a ti. Puede que dentro de más tiempo, veinte años tal vez, y (poder) decirte que todo me va estupendamente. Que tengo todo lo que tú soñaste tantas veces en secreto (porque los sueños no manifestados jamás llegan a ser deseos). Quisiera decirte esto sirviéndome sólo de verdades, aunque mis logros fueran los que tú añorabas. Tener los tuyos... debe de ser tan dulce mirar hacia abajo cuando te hablo...

0

Que te amo

Me gustaría decirte que te quiero. Me gustaría poder abrir tus labios con dos palabras. Me gustaría desprender los pétalos de tu alma preguntando al azar si me amas.

Me gustaría contarte mi secreto. Suplicarte que no te vayas nunca. Mirarte muy adentro. Encontrarte donde empiezan todos mis besos.

Confesarte que soy tan frágil... pintar sonrisas por toda tu piel con este lápiz.

No podría hacerte ver que nada contigo es pequeño... no puedo decírtelo. Es todo tan perfecto.

0

Dulces sueños

Esta noche, cuando apague la luz y todo se quede en su particular mutismo oscuro, estático… muerto. Esta noche, cuando se levanten los párpados del día, que cierren los míos. Esta noche, cuando deje de doler un día entero, cuando deje de molestar la inútil seguridad de que vendrá precedido de otro. Esta noche, cuando en una oscuridad especialmente profunda y larga comience mi cabalgar en el mundo de los sueños, pasaré el mayor frío de mi vida. Con una pantera negra abrigando mis pies. Probablemente negra porque es el color que mejor me sienta. Probablemente hoy esté a mi lado porque sepa que la cama se ha vuelto enorme con el tiempo. Mientras, el corazón sigue tiritando, encerrado en el pecho. Los besos siguen esperando, cada vez más adentro. Las caricias se deshacen, porque la piel se curte. Y se endurece el alma, que aún no había madurado… tal vez no le dé tiempo. Pocas veces la ha despertado un amanecer.

Esta noche, todo el cuerpo sabe que esta historia acabó tal y como habías pensado desde el principio, cuando este libro era sólo una portada. Aunque esta noche no importa, porque sé que me vas a ayudar a escribirlo otra vez de nuevo… Y acabaré mi relato lamentando haber empezado a escribirlo.

Esta noche, gritan mil niños en cada latido. Cae una lágrima, porque me descuido, y los ojos comienzan a hablar… por fin.

0

... Si aún no estás vivo

Oh, Dios mío. He vuelto a caerme. Pero esta vez es diferente. Sigo notando el viento silbar entre mis cabellos. Y, aunque mirando al frente, no veo ninguna pared. Ningún obstáculo... nada que interrumpa mi caída. ¿Qué habrá al otro lado de este pasillo? ¿Sigo adelante o retrocedo y vuelvo a empezar? Creo estar más cerca de la entrada que de su fin. Aunque sé que me perderé buscando el principio de todo. No lo encontraré. He estado vagando tanto tiempo aquí dentro...

Nunca escuches una canción triste al levantarte. Porque la mañana es el principio de la vida de un día completo. Nunca reces en alto. Porque pueden oírte, y sabrán que eres débil. Camina deprisa siempre, pero nunca corras. Porque todo el mundo creerá que estás huyendo... y probablemente tengan razón. Aunque corras mirando hacia delante. Porque la gente que no mira atrás, escapa de donde no quiere volver. Y jamás. Jamás. Saltes demasiado alto. Porque si alzas el vuelo. No querrás volver aquí nunca más.

0

Y ahora qué

Vacío, absurdo, complicado, difícil, oscuro, negro, profundo, confuso, imposible, trágico, inútil, enorme... triste.

Duda, herida, jaula, mazmorra, agujero, descenso, pozo, problema... miedo.

Hundirse, buscar, agarrar, trepar, caer. Trepar, subir, caer. Mirar, cerrar, trepar, trepar, escapar, huir, correr. Caer, caer... caer.

Abre el corazón, para ver bien a dónde vas. Cierra los ojos, porque no se ve nada cuando todo está oscuro.

Abre las manos, para coger las del que te las ofrece. Cierra la mente, porque vas a aprender a no pensar.

Súbete al mundo y bájate de la sombra en la que te ha encerrado esa manía transitoria de dudar incluso hoy.

Cuenta esos secretos y deja de vagar... vacío, como un cielo sin luna. Inútil, como un regalo sin destino. Absurdo, como lo que te hace daño. Confuso, como lo que nunca llega... Triste, como despertarse otra vez.

1

Lo voy a hacer muy bien

Sueño con dejar de buscarte de noche en una cama cada vez más grande. Ha vuelto a empezar todo otra vez. Y sé que pasará un mes hasta que vuelva a dormir. Y entonces, empezaré a no pensarte constantemente. Y después, dirás que nos veremos de nuevo. Y tendré que esperar otro mes para volver a dormir. Y uno más, para dejar de recordarte cada hora. Tendré que seguir haciendo mil cosas, para convencerte de que eres maravilloso. Y dejaré que te preguntes de nuevo si esto es cierto o sólo un buen comienzo para una carta.

Sé que voy a tener que hacerlo muy bien si quiero convencerte de que… bueno, de que voy a estar mucho, mucho tiempo… queriéndote.

Bergman dijo que la vida de un hombre no vale nada si no vive de acuerdo con su conciencia. Supongo que por eso tengo un problema. Ya puedo creer en las historias de Coixet… estoy viviendo una. Y todo me parece como eso que dicen de los autobuses. Hace mucho calor, hay mucho ruido y está lleno de gente. Y deseas bajar más que nada en el mundo. Si no lo haces es porque todavía te faltan 50 paradas para llegar a donde quieres ir. Yo puedo bajarme cuando quiera. Cuando ya no pueda más, esa será mi parada. Y no sé cuánto tardaré en no poder más, porque aunque pasen otros 50 años seguiré estando en el mismo sitio. Por eso sé que voy a tener que hacerlo muy bien para convencerte de que… bueno, de que te quiero.

“Hay veces que cuando un corazón escoge, su dueño no tiene el valor de seguirlo. Ya no sé qué hacer para acercarme a ti sin alejarte de mí.

Perdonad que no llore, pero es que no sé. Sois seres tan salvajes que os asusta que otro espíritu libre pueda meteros en una jaula. No sabéis que ya estáis en una jaula. Vosotros mismos la habéis construido y en ella seguiréis vayáis a donde vayáis porque no importa a dónde huyáis, siempre acabaréis tropezando con vosotros mismos.

Sí, todo lo tendré, el laurel y la rosa. Lleváoslos, pero me queda una cosa de la que carezco. Y esta noche, cuando se cierren los párpados del día, brillará intensamente mientras diga mi adiós algo que, inmaculado, meceré en un arrullo inexistente, y lloraré para siempre; y… eres tú”.

… Lo voy a hacer muy bien.



1

Sólo un grito

Quiero gritar. Quiero que todo el mundo sepa que esta noche cien cuervos me cantan una nana para que me quede dormida. Quiero que todos lean que me he quedado con las espinas de las mil rosas que iba a regalarle a quien me quiesiera. Quiero que lo sepan. Quiero que escuchen cómo crujen las bisagras de este corazón. Quiero que sepan que mi alma está abrigada. Que hoy la arropa el negro. Y ha desbordado. Mírame y piérdete en estas pupilas negras. Aquí todo es así. Huye.

Quiero llorar. Porque nunca he sido capaz de querer a nadie. Porque nunca lo he intentado. Porque nadie me ha hecho reír hasta llorar. Porque nadie lo ha intentando. Porque quiero tener ahora lo que me merezco. Porque muero por quien todavía no he conocido. Porque lo he intentado... Porque he fracasado. Porque aún no me he cansado. Porque hoy empiezo otra vez de cero. Y gritando.